NUEVAS TECNOLOGÍAS DE PROCESO

PERIODO SEPTIEMBRE/NOVIEMBRE 2025_ Total de informaciones analizadas: 136

Interpretando el mapa…

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Tecnologías cell based: el escenario de oportunidad se desplaza de “hacer producto” a construir la biomanufactura viable

Las tecnologías cell-based están entrando en una etapa en la que la oportunidad ya no se concentra solo en “lanzar carne o pescado cultivado”, sino en resolver los cuellos de botella que determinan coste, escala y velocidad de llegada al mercado. Esto reordena el valor hacia quienes aportan piezas industriales del proceso: medios y factores de crecimiento, biorreactores y control, estructuración comestible, downstream simplificado y capas digitales y de aprovisionamiento.

Medio de cultivo: industrializar el mayor coste operativo

La presión por abaratar el medio se concreta en dos tipos de soluciones. Por un lado, estrategias integradas de proceso y célula: SuperMeat por ejemplo se enfoca hacia el cultivo en sistema continuo, densidades altas y medio completamente controlado y animal-free, con el objetivo explícito de reducir el coste del medio y obtener producto 100% cultivado con una composición de referencia músculo/grasa. Por otro, la industrialización de “piezas” del medio: WACKER aborda un insumo crítico con FGF-2 Food (bFGF/FGF-2 bovino recombinante) producido por fermentación microbiana para estándares alimentarios, y ORF Genetics propone una ruta alternativa para producir proteínas relevantes del medio con “molecular farming” en cebada (línea MESOkine), ampliando capacidad y portfolio con financiación asociada.

Simplificación del proceso: cuando el soporte pasa a ser parte del alimento

Una tendencia clave es recortar operaciones: si el soporte se puede comer o integrar en la textura, se elimina parte del downstream. Corning aparece con una patente de microcarriers comestibles basados en hidrogeles de polisacáridos/biopolímeros alimentarios, diseñados para que prolifere y diferencie la célula y el soporte permanezca en el producto final. Esto permite proliferación y diferenciación en un único biorreactor y reduce operaciones de separación y reensamblaje.

Estructuración industrializable: recubrimientos/films comestibles y fibras “vivas”

La estructuración está pivotando hacia soluciones que evitan el “whole cut” complejo y buscan procesos más manufacturables. En esta línea, un trabajo académico desarrollado en la Yeungnam University (Corea del Sur) describe un film hidrogel comestible formulado a partir de almidón de patata, κ-carragenano y PVA food-grade (GRAS), incorporando curcumina. En este enfoque, el scaffold o recubrimiento no solo actúa como soporte estructural para el crecimiento celular, sino que además aporta color y funcionalidad antioxidante, habilitando un modelo de capas apiladas que permite generar volumen y textura sin recurrir a estructuras musculares complejas, con un claro potencial de escalado industrial.

En paralelo, aparece una patente del DWI – Instituto Leibniz para Materiales Interactivos con un método de hilado de fibras vivas: mediante boquilla core–shell se generan fibras que ya incorporan células y microcarriers, promoviendo alineación celular y creando unidades que luego se agrupan para construir estructura (incluido potencial de marmoleado). La oportunidad se sitúa en convertir la textura fibrosa en un proceso más continuo y escalable.

Capa digital y de aprovisionamiento: reducir ensayo-error y fricción de supply

Además de biología y materiales, crece una infraestructura “horizontal” que acelera el sector. Umami Bioworks plantea Virtual Marine Cell, un modelo metabólico computacional para simular crecimiento y comportamiento celular (consumo de nutrientes, respuesta a estrés, etc.) y reducir ensayo-error en optimización basado en una tecnología similar a la de los gemelos digitales. Y Cellbase se presenta como marketplace B2B para compras de inputs críticos (medios, biorreactores, microcarriers, scaffolds, sensores y downstream), atacando un punto práctico: el aprovisionamiento fragmentado.

Modelos puente: monetizar plataforma antes de que el food escale del todo

Varias empresas están abriendo rutas de monetización puente utilizando la misma plataforma tecnológica. Bluu despliega Bluu Zone y ramifica en Bluu Seafood, Bluu Skincare y Bluu Health, orientando parte del output a bioactivos marinos y usos de mayor margen mientras madura el canal food. Fishway simplifica el producto deliberadamente (biomasa/pasta de pescado cultivada, no filetes), optimiza el medio con Multus y se orienta a aplicaciones trituradas y B2B, incluyendo vías como nutrición infantil y petfood. Y ImpacFat se centra en un output específico: grasa de pescado cultivada rica en omega-3, con foco en protocolos de adipogénesis y perfil lipídico “a medida”.

Democratización y estandarización: líneas celulares y medios como infraestructura compartida

La disponibilidad de líneas y medios aparece como limitante transversal y, por tanto, como oportunidad. GFI adquiere líneas celulares y medios de SCiFi Foods y, junto con Tufts University (TUCCA), plantea ponerlos a disposición pública para investigación. En paralelo, Nuvonis se posiciona como proveedor de líneas celulares con fabricación y caracterización bajo marcos tipo GMP, apuntando a reducir riesgo y acelerar desarrollo para terceros.

La fermentación de precisión está dejando de ser una “apuesta” para convertirse en una plataforma industrial aplicable a lácteos, dulzor, grasas o compuestos bioactivos. Se basa en microorganismos programados para sintetizar moléculas específicas, proteínas, lípidos o pigmentos, con calidad constante, bajo condiciones controladas y trazables.

El salto clave es operativo, no conceptual: a la biología se le suma una cadena industrial completa que abarca el escalado, la purificación (downstream o DSP), los sistemas de seguridad alimentaria y el cumplimiento regulatorio. En ese marco, la diferenciación ya no depende solo de la novedad, sino de la capacidad de fabricar de forma competitiva y repetible.

Por eso, el eje competitivo se está desplazando. La fermentación de precisión ya no “compite por innovación”, sino por coste, robustez del proceso y velocidad de llegada al mercado. En otras palabras: está pasando de promesa tecnológica a infraestructura de ingredientes.

Regulación y acceso a mercado: de la aprobación “final” a vías de validación más rápidas

Empieza a consolidarse una lógica regulatoria que reduce fricción sin rebajar exigencias: separar “probar/aprender” de “vender”. En ese marco, el hito de las catas pre-aprobación en Países Bajos es relevante porque introduce una fase intermedia controlada: permite que empresas y actores seleccionados puedan evaluar sensorialmente productos obtenidos por fermentación de precisión antes de completar el ciclo de autorización para comercialización. La trascendencia es operativa: acelera el aprendizaje sobre sabor, textura y aceptación (y, por tanto, sobre formulación y proceso) sin esperar a la aprobación final, lo que reduce el riesgo de llegar tarde al mercado con un producto técnicamente “aprobable” pero sensorialmente débil, y favorece iteraciones más rápidas con evidencia práctica.

En paralelo, la FSA está actuando sobre otro cuello de botella: el de la capacidad evaluadora. Su iniciativa específica para fermentación de precisión refuerza la base científica y metodológica con la que se analizan estos productos, trabajando en criterios y herramientas para evaluar seguridad y consistencia de procesos, y para construir un lenguaje común entre regulador e industria. El mecanismo es importante porque no se limita a revisar expedientes: busca generar un marco de evaluación más claro y predecible, lo que reduce incertidumbre para empresas (qué datos presentar, cómo demostrar seguridad y control de proceso) y permite que el sistema regulatorio procese innovación con más velocidad y coherencia a medida que aumenta el volumen de solicitudes.

Industrialización y escalado: más rendimiento arriba y menos pérdidas abajo

La barrera económica más repetida en fermentación de precisión es sencilla de enunciar y difícil de resolver: si el microorganismo produce poco (título/titer bajo, productividad limitada o rendimiento inestable), el coste por kilo se dispara y el modelo deja de cerrar. En ese punto encaja AjaxDNA, que se posiciona en la mejora del rendimiento desde una lógica “ingeniería + datos”: una plataforma modular que combina nanotecnología intracelular, microfluídica, IA y control automatizado para generar y optimizar biocompuestos de alto valor. Traducido al proceso, la microfluídica y la automatización permiten ensayar variantes y condiciones de cultivo con mucha más velocidad (cribado), y la capa de IA/control ayuda a converger hacia cepas/condiciones más productivas y reproducibles, que es exactamente lo que se necesita para que el upstream sea industrializable.

Cuando el upstream mejora, el cuello de botella suele desplazarse al “después del biorreactor”: el downstream processing (DSP). Aquí el impacto no es teórico: gran parte del coste y de la pérdida de producto puede producirse en clarificación, concentración y “polishing” (separar la molécula objetivo de células, sales, restos de medio, etc.). La idea que gana tracción es que la elegancia del DSP es una palanca de competitividad: cuanta más complejidad y más etapas, más mermas acumuladas y más difícil llegar a paridad de coste. Esa lectura aparece formulada de forma explícita en la conversación sobre innovación externa en biomanufactura: las pérdidas en DSP son “clave” y un DSP más simple reduce pérdidas y mejora la competitividad.

En ese marco se entienden tres movimientos “habilitadores”:

  1. El primero es convertir la tecnología en un paquete transferible: 21st.BIO estructura programas donde se licencia cepa + proceso, con acceso a cepas listas para producción y apoyo en desarrollo de fermentación y downstream, además de soporte de escalado y acompañamiento regulatorio; la lógica industrial es acortar el salto del laboratorio a planta y, sobre todo, no reinventar desde cero un DSP que ya está optimizado para una proteína o familia de proteínas.
  2. El segundo es atacar el punto de fallo clásico del escalado: el seed train (propagación del inóculo). La colaboración Tetra Pak + Swan Neck Bio introduce DIRINOC™ como cultivo iniciador concentrado y almacenable para inoculación directa, integrado en el ecosistema de desarrollo de proceso de Tetra Pak; el valor técnico es reducir el riesgo de contaminación y variabilidad ligados a la propagación in situ y permitir que productores empiecen pruebas e iteraciones sin el coste/tiempo de montar un seed train completo antes de decidir su configuración de planta.
  3. Ampliar infraestructura de demostración: la actualización de QUT Pioneer BioPilot (Mackay) como instalación de fermentación a escala piloto, respaldada con inversión pública, se plantea explícitamente para ayudar a empresas a llevar innovaciones “del lab al piloto”, y se conecta con el empuje a moléculas de alto valor, como proyectos orientados a lactoferrina humana producida con levaduras.
Carrera por ecosistemas: inversión corporativa, alianzas y polos “pro-biotech”

A la capa tecnológica se suma una señal de mercado: el interés corporativo y la competencia por construir ecosistemas. La inversión estratégica de Symrise en Cellibre se plantea como acceso preferente a una plataforma de fermentación para acelerar ingredientes de alto valor (sabores naturales, taste balancing, bioactivos cosméticos) y reforzar la resiliencia del suministro frente a la variabilidad estacional o agrícola, situando la fermentación de precisión como un componente de cadena de suministro más allá del foco “alt-protein”.

En paralelo, iniciativas como la alianza transatlántica impulsada por Alfa Laval para conectar ecosistemas (Dinamarca–North Carolina) ponen el acento en desarrollar métodos de bioprocesado y capacidades de producción, en un contexto de competencia por talento, infraestructura y condiciones de despliegue. La lectura geográfica en Asia-Pacífico, con Australia, Tailandia y Vietnam como exponentes, refuerza el mismo patrón: la atracción de biomanufactura depende de la combinación de capacidad industrial, entorno regulatorio, disponibilidad energética y estrategia país para capturar inversión y nuevas plantas.

En esa misma lógica de polos, la industrialización se acompaña de megaproyectos en geografías que buscan posicionarse como “pro-biotech”: el anuncio de Vivici y The EVERY Company para una gran fábrica de proteína animal-free en Abu Dhabi ilustra cómo ciertos hubs intentan capturar cadena de valor completa a través de CAPEX, capacidad industrial y atracción de empresas.

Ingredientes por fermentación de precisión: más allá de las “alt proteins” (lácteos, dulzor, grasas, colorantes y materiales)

En fermentación de precisión ya se han producido hitos visibles en proteínas lácteas, proteínas dulces y grasas/aceites, que se desarrollan en otros escenarios; en este tramo interesa situar cómo el foco se amplía desde la “proteína alternativa” hacia una cartera más amplia de ingredientes funcionales y materiales. Chromologics lo ejemplifica con Natu.Red, producido mediante una plataforma fúngica en fermentación sumergida como alternativa a colorantes rojos sintéticos y al carmín; el planteamiento se apoya en una producción industrial independiente de estacionalidad y geografía, con escalado vía fabricante por contrato mientras avanza en los dossiers regulatorios (EFSA/FDA). BIOWEG representa la derivada en materiales: produce celulosa bacteriana mediante fermentación y la formula como alternativa biodegradable a microplásticos, con un enfoque explícito de upcycling al utilizar corrientes laterales/subproductos de la industria alimentaria como materia prima; la ronda de €16M se orienta a industrializar y escalar capacidad en Alemania.

Estrategia y ciclo de mercado: ajuste de expectativas y foco en “lo que hace vendible” la molécula

En este punto del ciclo, no todo es expansión lineal. Aparecen ejemplos de empresas que reordenan prioridades ante un mercado más exigente (plazos regulatorios, apetito inversor, rutas a coste): Paleo reorientando actividad hacia I+D en un contexto de enfriamiento es una señal de que el sector está seleccionando apuestas y plazos.

La foto completa deja una conclusión operativa: las oportunidades más sólidas no están solo en “descubrir moléculas”, sino en convertirlas en ingredientes fabricables (títulos altos, DSP eficiente), formulables (estabilidad térmica/ácida, textura), y aprobables (dossiers y marcos de validación). En ese cruce es donde se está jugando, ahora mismo, la ventaja competitiva de la fermentación de precisión.

 

 

En esta edición del mapa hemos visto cómo la fermentación, más allá de la producción de biomasa o la fermentación de precisión se está reorganizando alrededor de tres ejes claros. Primero, aplicaciones centradas en el sabor, que conectan la fermentación industrial con la gastronomía profesional y el desarrollo de nuevos perfiles sensoriales. Segundo, nuevas arquitecturas de proceso orientadas a productividad, con un interés creciente por la fermentación continua frente a la operación por lote. Y tercero, capas adicionales de control y robustez para reducir fallos críticos, como infecciones por fagos o pérdidas de estabilidad del cultivo.

Sabor y fermentación gastronómica: colaboración entre restauración e industria

Una señal especialmente relevante es la colaboración entre Noma y Novonesis, que plantea la fermentación no solo como proceso productivo, sino como tecnología para diseñar nuevos sabores. La alianza se centra en el desarrollo conjunto de alimentos e ingredientes mediante microbiología, fermentación y biosolutions, con Noma Projects como espacio de experimentación inicial.

Entre los primeros desarrollos se ha comunicado una salsa tipo garum, elaborada a partir de hongos y procesos fermentativos y enzimáticos. Más allá del producto concreto, el interés está en su concepción como bloque funcional de sabor, es decir, una base fermentada que puede adaptarse y escalarse a múltiples aplicaciones industriales.

Escalado industrial y plataformas de producción: continuo frente a por lotes

En la operación por lotes, la producción avanza en ciclos bien definidos: carga del fermentador, fermentación, descarga y limpieza. Este esquema implica tiempos muertos entre campañas y una variabilidad inevitable entre lotes. En cambio, en la fermentación continua, el sustrato se alimenta de forma constante y el caldo o producto se retira de manera sostenida, con el objetivo de mantener un estado estable durante largos periodos.

Desde el punto de vista industrial, el atractivo de lo continuo está en maximizar el tiempo efectivo de producción, reducir paradas y operar bajo condiciones más constantes, lo que facilita el control del proceso y la estandarización del rendimiento y la calidad.

En este contexto se sitúa el anuncio de Pow.Bio, junto con Bühler y ATV Technologies, sobre el escalado de una plataforma de biomanufactura continua hasta 3.000 litros. Más allá del volumen, el mensaje clave es la validación de la fermentación continua a una escala ya relevante para industria, algo que sigue siendo una barrera para muchas tecnologías fermentativas emergentes.

Este interés por el escalado también se refleja en movimientos de inversión. MATR Foods ha captado 40 millones de euros para ampliar la producción de alternativas cárnicas vegetales basadas en fermentación fúngica, una tecnología que busca mejorar textura y perfil nutricional frente a formulaciones puramente vegetales.

En el ámbito de ingredientes, Nutrumami, ahora SUMM Ingredients, anunció una inversión de 1,7 millones de euros para acelerar la producción y el despliegue comercial de FermiPro®, un ingrediente fermentado orientado a aplicaciones umami y funcionales, con interés tanto en reformulación como en reducción de sal. En paralelo, la danesa Nocla ha reorientado su estrategia hacia ingredientes fermentados a partir de materias primas nórdicas, buscando diferenciarse por origen, sostenibilidad y funcionalidad.

Control del proceso y riesgos: fagos, monitorización y estabilidad operativa

En fermentaciones lácteas, uno de los mayores riesgos operativos sigue siendo la infección por bacteriófagos, capaz de arruinar cultivos completos y provocar paradas costosas. En este ámbito, dsm-firmenich, junto con socios de investigación, ha identificado 13 sistemas antiphage en Lactococcus lactis. Al analizar fagos capaces de “escapar” a estas defensas, se detectaron 15 genes virales relacionados con mecanismos de evasión.

Entre estos sistemas destaca Audmula, descrito como un mecanismo no documentado previamente. Su funcionamiento se basa en modificar y engrosar la pared celular tras la infección, de modo que el fago queda atrapado dentro de la bacteria e incapaz de propagarse al resto del cultivo. Este tipo de soluciones apunta a cultivos más robustos y a una reducción del riesgo sistémico en plantas industriales.

En el sector del vino, el foco está más en la monitorización del proceso. El proyecto SOSTWINE24 trabaja en el desarrollo de una herramienta para seguir la fermentación alcohólica de los mostos mediante ultrasonidos de baja intensidad, combinados con análisis avanzado de datos. El objetivo es un sistema no invasivo y en tiempo real que permita anticipar desviaciones y tomar decisiones antes de que el proceso se deteriore.

Fermentación más allá del alimento base: colorantes y control sensorial reproducible

En aplicaciones transversales, Michroma y CJ CheilJedang han anunciado una colaboración para escalar la producción comercial de colorantes obtenidos por fermentación, apoyándose en la capacidad industrial y la red global de CJ para asegurar un suministro estable y competitivo a gran escala. En este caso, el colorante se plantea como alternativa a fuentes habituales de color rojo: no depende de extracción vegetal (por ejemplo, remolacha) ni de carmín (cochinilla), sino de pigmentos producidos en biorreactor por hongos filamentosos, con mejoras orientadas a rendimiento y desempeño.

En paralelo, también se exploran herramientas biotecnológicas para modular procesos y resultados sensoriales. El caso de Koji (Colombia) combina fermentación en estado sólido, biotecnología e IA aplicada a matrices como café o carne, pero conviene precisar el mecanismo: lo que se produce mediante fermentación es el koji como cultivo (un hongo crecido sobre un sustrato) que genera un “paquete” de enzimas. Ese koji, o sus enzimas, se aplica después sobre el alimento objetivo para acelerar transformaciones y amplificar notas de sabor; en carne picada, por ejemplo, se plantea la reducción de tiempos de maduración, con impacto directo en sabor, textura y eficiencia industrial.

Por último, en el ámbito del control sensorial reproducible, un estudio publicado en Nature Microbiology muestra cómo una comunidad microbiana definida puede reproducir atributos típicos del cacao “fine flavour”. La idea de fondo es importante: conectar fermentación y microbiología con la posibilidad de estandarizar perfiles de sabor complejos bajo condiciones más controladas, algo especialmente valioso en industrias que trabajan con materias primas naturalmente variables.

La fermentación de biomasa se consolida como una vía industrial para producir ingredientes proteicos y lipídicos a partir de microorganismos, especialmente hongos (micelio) y levaduras. El panorama actual se articula en torno a dos ejes principales: por un lado, el salto desde piloto a capacidad industrial, reflejado en financiación, ayudas públicas y nuevas instalaciones; por otro, la ampliación de aplicaciones, que va desde alternativas cárnicas y pet food hasta ingredientes funcionales y grasas u aceites no animales.

Escalado industrial y aumento de capacidad productiva

Una parte relevante de la actividad reciente apunta directamente a aumentar capacidad de fermentación y a reducir la brecha entre demostración técnica y producción a escala. Terra Wave, con sede en Rumanía, ha obtenido una subvención de innovación de un millón doscientos mil euros para avanzar su tecnología y desarrollar capacidad industrial. Su enfoque se basa en transformar biomasa fúngica mediante fermentación en ingredientes proteicos con texturas tipo cárnicas, con aplicaciones tanto en alimentación humana —incluida la alternativa cárnica de base vegetal— como en pet food, un segmento que suele absorber antes este tipo de soluciones.

En una línea similar de tracción pública, Pacifico Biolabs ha recibido financiación pública para desarrollar alternativas cárnicas basadas en micelio. Su propuesta se presenta como un producto relativamente directo, con pocos ingredientes y un énfasis explícito en el contenido proteico, lo que apunta a una estrategia de simplicidad formulativa y eficiencia de proceso.

En Canadá, el escalado adopta una lógica de proyecto país. Protein Industries Canada ha comprometido seis millones seiscientos mil dólares canadienses dentro de un proyecto total de treinta y dos millones quinientos mil dólares canadienses, liderado por Phytokana Ingredients y Maia Farms, con el objetivo de desarrollar ingredientes proteicos que combinan haba (fava bean) y micelio. El resto del presupuesto corre a cargo de socios industriales, subrayando el interés en integrar la biomasa fermentada dentro de cadenas de valor ya existentes.

Plataformas de biomasa: micelio y levaduras como base tecnológica

Más allá de proyectos concretos, se refuerza la idea de las plataformas microbianas como activo central. En micelio, la financiación se dirige tanto a investigación y desarrollo como a capacidad de producción. Maia Farms ha recibido un millón setecientos cincuenta mil dólares de Genome British Columbia para acelerar su plataforma de ingredientes basados en micelio. En las descripciones del proyecto se menciona el uso de biorreactores y el aprovechamiento de subproductos agrícolas como materia prima, alineando escalabilidad industrial y uso de corrientes laterales.

En levaduras, el indicador más claro de madurez es el paso a volumen. ÄIO, con sede en Estonia, ha comunicado su primera producción a escala de una tonelada de un ingrediente oleoso basado en levaduras, descrito como una grasa u aceite funcional encapsulado. Su tecnología se apoya en la fermentación para convertir corrientes laterales industriales en lípidos no animales, posicionando a la levadura como plataforma para sustituir grasas convencionales.

Ingredientes de biomasa: nuevas empresas y diversificación de formatos

El ecosistema sigue incorporando nuevos actores, especialmente en micoproteína. Typcal, con sede en Brasil, se ha incorporado al incubador biotope by VIB, con un apoyo total de trescientos cincuenta mil euros entre financiación y soporte técnico. Su foco está en el desarrollo de cepas propias y en la capacidad de crecer sobre feedstocks diversos, una estrategia clave para reducir costes y ganar flexibilidad a escala industrial.

En paralelo, se observa que la biomasa fermentada no se limita a bloques proteicos genéricos, sino que se combina con tecnologías de estructuración avanzada para generar formatos de mayor valor añadido. Revo Foods ha lanzado un filete estilo salmón basado en micoproteína, apoyándose en su infraestructura industrial de estructuración e impresión tridimensional en su planta de Viena. El resultado es un producto tipo whole-cut, en el que la biomasa fúngica se traduce en una arquitectura de textura definida, más cercana a expectativas de consumo de gama alta.

Señales de mercado: consolidación, tensiones y expansión a otros usos

Junto a inversiones y lanzamientos, aparecen también señales de tensión financiera en empresas relevantes del segmento. Meati, uno de los actores más visibles en alternativas cárnicas basadas en fermentación de biomasa, ha registrado despidos masivos tras problemas de nóminas, en un contexto de dificultades financieras y necesidad de estabilizar operaciones. El caso ilustra que el salto a gran escala sigue siendo un punto crítico, incluso para compañías con una propuesta tecnológica avanzada.

Por último, la lógica de plataformas de biomasa se extiende más allá del alimento. Uluu, con sede en Australia, ha levantado dieciséis millones de dólares australianos para construir una instalación demostrativa y escalar su tecnología de conversión de algas en nuevos materiales para packaging sostenible.

Las tecnologías de conservación están ampliando su foco desde métodos clásicos de inhibición microbiana hacia un enfoque másistémico. La tendencia ya no es solo tratar el alimento al final del proceso, sino diseñar estabilidad combinando materiales activos, bioconservación basada en microorganismos o biomoléculas y herramientas que permitan predecir y extender la vida útil con respaldo científico. En este escenario se distinguen tres bloques tecnológicos principales.

Packaging activo e inteligente: materiales que protegen y “leen” el estado del alimento

En el ámbito del packaging, la evolución va desde envases pasivos hacia materiales activos, que aportan funciones antioxidantes o antimicrobianas, y envases inteligentes, capaces de indicar cambios en el estado del alimento.

Un ejemplo representativo es el desarrollo de un film de gelatina activo e inteligente firmado por la Faculty of Food Science and Engineering de la Kunming University of Science and Technology (China). El material incorpora antocianinas de cebolla roja, que actúan como indicadores visuales sensibles a cambios de pH, y aceite esencial de citronela encapsulado, con potencial actividad antimicrobiana. La combinación permite que el envase no solo contribuya a la conservación, sino que también “lea” la evolución del alimento y la comunique de forma directa.

Dentro del mismo bloque de materiales y procesos avanzados, se sitúa el estudio firmado por el Department of Food Science and Nutrition de la University of Thessaly (Grecia), centrado en la optimización “verde” de la extracción de aceite de sésamo. El estudio evalúa la combinación de Pulsed Electric Field (PEF) y baño de ultrasonidos como tecnologías de procesado suave, demostrando mejoras en rendimiento, actividad antioxidante y estabilidad oxidativa. El interés para conservación está en que se actúa desde el diseño del ingrediente lipídico, preservando compuestos bioactivos como lignanos, tocoferoles y ácidos grasos insaturados.

Bioconservación: cultivos protectores, metabolitos y rutas “clean label”

La bioconservación continúa reforzándose gracias a una selección más dirigida de cepas y a evidencia microbiológica sólida. En el ámbito de cultivos protectores y probióticos, un estudio firmado por la School of Biological and Food Processing Engineering de Huanghuai University (China), analiza cepas aisladas de alimentos fermentados tradicionales. Entre ellas, Lactiplantibacillus plantarum Z-5 destaca por su actividad frente a Listeria monocytogenes, su resiliencia gastrointestinal y un perfil de bioseguridad favorable, lo que la posiciona como candidata para aplicaciones donde la seguridad microbiológica es crítica.

Una vía especialmente llamativa dentro de la conservación “clean label” es el uso de compuestos orgánicos volátiles (VOCs) producidos por bacterias como herramienta antifúngica. Este enfoque está siendo desarrollado por la empresa argentina BioBlends y ha sido divulgado por medios especializados en foodtech. El planteamiento consiste en identificar VOCs eficaces frente a mohos específicos y los microorganismos capaces de producirlos. Según la propia empresa, estos compuestos pueden capturarse y transportarse en forma líquida y muestran eficacia contra el crecimiento fúngico en panificación, planteando una alternativa a conservantes tradicionales basada en biocontrol por metabolitos.

En el plano de biomoléculas, también crece el interés por los biosurfactantes bacterianos como ingredientes bioactivos. Una revisión firmada por el Department of Food Science, College of Agriculture, University of Basrah (Irak) analiza el papel de la surfactina (un biosurfactante producido por bacterias del género Bacillus) en conservación de alimentos, alimentos funcionales y salud humana. El trabajo conecta su actividad biológica y su interacción con membranas con posibles efectos sobre la estabilidad del producto.

Modelización y extensión de vida útil: intervenir desde el origen

El tercer bloque se centra en alargar la vida útil desde el propio alimento, con un objetivo explícito de reducción del desperdicio. Un ejemplo reciente es el avance en técnicas de edición genética para extender la vida útil de la frambuesa, desarrollado en Cranfield University (Reino Unido).

En este caso, la estrategia no se basa en añadir conservantes ni en modificar el envasado, sino en intervenir directamente en los mecanismos biológicos que regulan la maduración y el deterioro del fruto. Mediante herramientas de edición genética, los investigadores identifican y modulan genes implicados en procesos como el ablandamiento del tejido, la degradación de la pared celular y la respuesta al estrés postcosecha. El resultado es una frambuesa que mantiene su firmeza y calidad durante más tiempo, desplazando el enfoque clásico de “conservar después” hacia el diseño de una mayor vida útil desde el origen.

La encapsulación se está consolidando como una capa habilitadora con dos objetivos principales: proteger y controlar la liberación de compuestos sensibles (probióticos, polifenoles, carotenoides) para que mantengan estabilidad y lleguen donde interesa, e ingenierizar estructura (especialmente en grasas) para replicar funcionalidad y mejorar textura/mouthfeel. En paralelo, se refuerza una tercera derivada transversal: usar encapsulación para que extractos procedentes de subproductos pasen a ser ingredientes estables y dosificables.

Encapsulación como “delivery”: estabilidad, supervivencia y liberación controlada

En probióticos y prebióticos, la encapsulación aparece integrada en el propio diseño del alimento: la impresión 3D se plantea como plataforma para construir geometrías y capas que protegen microorganismos y permiten modular dónde y cuándo se liberan en el tracto digestivo. En suplementos/formatos de consumo masivo, TopGum aplica su tecnología de microencapsulación (TopCap) para incorporar “activos difíciles” en gominolas deportivas, buscando estabilidad, menor impacto sensorial y dosificación alta en un formato ampliamente aceptado. En bioactivos, se repiten casos donde la encapsulación se utiliza para evitar degradación durante digestión: microencapsulación de extractos fenólicos de guayaba con maltodextrina (freeze-drying) para mejorar bioaccesibilidad en digestión simulada; o liposomas como portadores para extractos de microalga Dunaliella y β-caroteno, orientados a protección y liberación sostenida.

Encapsulación como “ingeniería de estructura”: grasas, textura y estabilidad oxidativa

Otra línea se centra en encapsular/estructurar aceites para que se comporten como grasas sólidas o semisólidas y aporten funcionalidad tecnológica. El ejemplo es la colaboración Ajinomoto + Fattastic, donde la encapsulación/estructuración se usa para transformar aceites vegetales y acercarlos a comportamientos de grasa animal o saturada en aplicaciones como panadería, confitería o alternativas cárnicas/lácteas, con el objetivo de mejorar mordida, jugosidad y estabilidad reduciendo saturadas. En omega-3, la encapsulación se presenta como solución de estabilidad oxidativa y usabilidad industrial: el aceite de pescado encapsulado en nanofibras (pullulan/caseinato sódico) busca proteger frente a oxidación y convertirlo en un ingrediente seco más fácil de incorporar sin penalización sensorial.

Upcycling + encapsulación: hacer “formulables” los extractos de subproductos

La encapsulación aparece también como tecnología puente para convertir corrientes laterales en ingredientes aplicables. Un caso es el encapsulado de extracto de orujo de tomate para utilizarlo como colorante y antioxidante en embutidos con bajo nitrito, combinando revalorización de subproducto con estabilización y manejo del ingrediente. Y en proyectos de innovación aplicada, se cita Nutracaps (Navarra), orientado a obtener bioactivos de subproductos (por ejemplo, omega-6, quercetina) y formularlos en versiones nanoencapsuladas para mejorar estabilidad y eficacia, con lecturas de aplicación en matrices funcionales y nutradermacéuticas.